viernes, 11 de febrero de 2011

SMS

Por: Martín Cálix


K: hola, donde has estado?

J: ocupado por ahí…

K: pero es que no das señales de vida! ;/

J: pero es que he estado muy ocupado, pura chamba!

K: y el libro, me lo vas a prestar?

J: cuál era?

K: ves? …nunca me prestas atención!!! ;/

J: diculpá he estado muy distraído…

K: yo diría que es tu “modus operanding”

J: que dura que sos conmigo!!!

K: jajajajajajajajaja…

J: bueno, bueno…

K: mi libro! …no te olvides de mí porfa!

J: que libro es?

K: “Las Virtudes De Onán”!

J: pero me lo cuidas…

K: si vos, como mis ojos!

J: vaya pues, voy a confiar en vos!

K: tengo sueño, besos…

J: “besos”? …adónde me los pongo!?

K: ya vas, no te digo pues que sos un acosador!

J: ah ya… no te vuelvo a decir nada!

K: jajajajaja… eso espero, siempre decís lo mismo!

J: jajajajaja…

K: bueno, ya que tengo sueño!

J: ok, besos, cuidate!

jueves, 10 de febrero de 2011

Paseo diurno


Por: Martín Cálix

La levedad de éste día me causó asombro. Pero no tanto como para correr detrás de los niños en el parque sino un asombro asolapado.

“Correr” –pensé– “que ingenuos estos niños, ¿acaso no saben en qué país viven?” –Me inquirí en silencio–. Pero tenían razón de ir corriendo, los conos de aquel vendedor en el parque se acababan y el calor no dejaba mayores opciones.

Algunos tropezaban entre ellos, dando espacio a los más lentos como yo, para poder llegar primero y declarar míos todos los conos del pueblo. Entonces una duda me asalto: ¿Cuántos conos come un hombre para poder ser feliz? Un olor a mierda invadió el parque, era yo, mi egoísmo putrefacto era el último grito de la moda para poder convencer a esos niños de mi lastima.

lunes, 7 de febrero de 2011

"El poeta es un ciudadano normal"



En algún momento, creo que fue mi padre, no sé muy bien a quien culpar hoy, pero alguien me dijo que a medida uno se vuelve viejo dice las cosas de forma más sencillas pero a la vez más complejas.
No quisiera imaginar que una mañana amanezca viejo y no sea capaz entonces de decir las cosas de forma sencilla y me complique la vida hasta pidiendo un café. Esa sensación es extraña y me consuelo imaginándome Ángel Gonzáles, viejo, sabio, sencillo, poeta.

viernes, 4 de febrero de 2011

Los poetas deberían tener un salón de la fama

¡Los poetas deberían tener un salón de la fama!
¿Sino adónde irán a insultarlos después de muertos?

Los presidentes,
los periodistas que nunca entendieron sus respuestas,
la sociedad de damas,
los rotarios,
el diputado cerdo de aquél pueblito,
los alumnos de español general en la universidad,
la señora cuya hija fue asaltada con un verso de Benedetti,
los dueños de las librerías porque la poesía no se lleva con el marketing,
los que los leyeron mucho y se transmutaron en ellos
y hasta aquéllos que nunca los leyeron
porque la poesía no tiene un programa en la TV
los domingos a las cuatro de la tarde.


Por: Martín Cálix
/de: "Habitando El Tiempo De La Mariposa"/

miércoles, 2 de febrero de 2011

Mochuelo

Por: Martín Cálix

Jamás se piensa en volver a pasar el mismo camino, sin embargo redibujamos nuestra historia entre la basura que nos queda, justamente, exactamente, cada mañana. Excepto los domingos.

Cálculo tras cálculo, medida precisa que vacilantemente se nos insinúa. Pero jamás se piensa en volver a pasar el mismo camino. Y mientras tanto si pienso y escucho “anclado al aire” de Perro Zompopo. Ayer fue sábado, uno cualquiera, de lo más ordinario. Hoy es domingo, aunque pudiera ser martes, jueves… pero es domingo y tengo que aguantar su forma, su color, y sobre todo su olor.

He pensado en el suicidio como una opción válida, pero recuerdo al poeta decir más o menos algo como, “no muero por no darle gusto a mis enemigos”, y así como que lo obligan a uno a seguir viviendo y resistiendo.

Ayer pensaba que los demonios habían vuelto a aparecer, ahora creo que nunca se han ido y que tampoco han sido demonios sino más bien dragones que invernan en mi mesa, entonces he decidido quererlos. Hoy los estoy reacomodando para que haya espacio suficiente en la mesa para poder escribir, fumar, tomar café y que ellos duerman, algunas veces apilados y otras en mi pecho.

Como he decidido quererlos les voy a dar un nombre a cada uno, al azul le pondré Gabo, a la verde le pondré Kahlo y al rojo por parecerse a mi le pondré Kan.

Serán ellos mis cómplices, mis amores nocturnos, mis odios más profundos, mi alter ego, serán yo y no serán nunca como yo. Porque vaciados de esencia se alimentaran de mí.

A mis dragones los llevaré por las amplias casas de mis amigos que tampoco son muchos. Los llevaré a codificar los adoquines de Trinidad, los convenceré de agarrar un fusil y desembocar en el Aguán.

Los animaré a escribir poesía y reavivar el fuego dormido que dejaste al partir, y te amaran con tanto odio como lo hago yo. Irán montados en la cintura de mi madre y de la mano de Sebastián. Acumularán los más hermosos sueños de Abigail, tropezarán con el flujo cardinal de mi padre y ahondaran en sus razones perdidas.

A la lluvia le ordenaran a quedarse quieta, alejando así todas mis tristezas. Tocaran las canciones hermosas que vienen del sur y de ésa isla perdida, esas canciones que me dan vida. Sabrán de la iberia y su dolor. Sabrán que no soy de aquí y me aceptarán los vicios más carnales que en cada cambio de piel vuelven a aflorar.