jueves, 25 de septiembre de 2014

Junkie


1

El mundo se cae, Junkie, se cae a pedazos.

2

La vida es un poema, Junkie, escrito en una servilleta después de comer el menú económico.

3

El amor es un barquito de papel, Junkie, uno atrapado en una botella de Coca-Cola.

4

Te ves al espejo, Junkie, y cada mañana pensás que sos Travolta en Pulp Fiction.

5

En los atardeceres no se llora, Junkie, jamás se llora.

6

Hasta Iggy puede enamorarse, Junkie, por eso Beside you.

7

Leer es importante, Junkie, Alice in the wonderland y otras historias de viajes salvajes.

8

Vos no sos Ray Charles, Junkie, vos no.

9

Esta noche un ave te molerá los huesos, Junkie, y como el bullicio de finales de octubre te abrirá los pensamientos.

10

En el fondo del mar sólo están los dioses que ya no se adoran, Junkie, ¿y vos aún pensás en ser eterno?

11

No te ves como Jared Letto en Requiem for a dream, Junkie.

12

No me des la ausencia, Junkie, de todos los meses en los que no exististe.

13

Los súper héroes no están aquí, Junkie, ellos escaparon con el último atardecer del siglo pasado.

14

Junkie, las preguntas no hacen falta si no existimos.

15

No hay rescate, Junkie, del final que nadie ha contado aún.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

De los libros olvidados: Materia prima


Hay libros que definitivamente no tiene sentido alguno escribir sobre ellos porque no hay nada qué decir, hay que leerlos y punto. Darse cuenta en su lectura que son piezas bellamente fabricadas, a mano, de factura limpia y honesta, es el caso de Materia prima de Rigoberto Paredes. Aún así, estoy aquí escribiendo de que no hay que escribir sino leer.

Bájenlos
de esa torre.
Escóndanles
la musa.
Espanten
sus fantasmas.
Abranles
sus ojos (o limpien sus anteojos)
para que vean
más allá
de la página, de la máquina, del escritorio.
No se dejen.
No los dejen escribir
poesía en vano,
y en vez de consagrar sus bellas intenciones
exíjanles los actos
alusivos a sus palabras.

Juego limpio, pág. 13.

¿Dónde van a parar los poetas
que mueren? Ni el cielo ni el infierno
son lugares seguros
para seres tan dados al exceso y la furia.
Bajo tierra
no habrá quién diera de vivir
a sus blandas cabezas, habituadas
al ruido, el fulgor y la altura.
Y en la faz de otros mundos
(donde Platón acecha)
no hallarían cabida sus ánimas penantes.
Aquí tampoco
¿Dónde van a parar los poetas que mueren?

In memoriam, pág. 20.

Murió
en París
con aguacero
y todavía
no escampa.

Epitafio (1892-1938), pág. 21.

Debajo de tu falda
se oyen ruidos extraños

algo se mueve allí / entre tus piernas
como sombra en el monte

se ven ciertas señales de vida en tus adentros
(conchas algas espuma y mensajes de náufragos a
                                                                     / salvo)
toda esa tierna herencia de las altas mareas

un viento favorable
desordena el secreto follaje de tu cuerpo
y a veces pareciera
hace hace buen tiempo
en los alrededores de la cama

tengo la sana intención
de aclarar esas dudas
una noche de estas

Entre nos, pág. 30.


Cuando estoy
allí
adentro
no hallo
qué decir
salen sobrando
las palabras
y se traba
la lengua
en un quejido

En la torre de Mabel, pág. 33.

Editado por EDUCA en 1985, escribir por escribir para llenar espacios en un post, no tiene sentido. A Rigoberto hay que leerlo sabiendo uno que lee a una de las voces más importantes de la poesía hondureña.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Armando Alanís Pulido en dos fragmentos


La noche invadió las cosas
(poeta damnificado)

Agitado y oscuro,
no olvido la sentencia:
gotear pausadamente
en rebeldía y sin arrepentimiento
anda, rondar las hemorragias.

Hacer en cautiverio
el balance del siempre y el jamás.

[...]

Furia
(poeta en crisis)

El pétalo,
tu gemido,
la razón, el polvo
y una cantidad impresionante de caramelos
avanzan en hilera
hacia mi paciencia más austera.

Alabado sea el descaro de la invención.











Armando Alanís Pulido
Monterrey, 1969.