lunes, 1 de febrero de 2016

Murakami o la estética de la tristeza



Si existe un soledad inescrutable, quizá habite en las novelas de Murakami. Una soledad tan profunda que cuando no queda de otra entonces hay que dejarse llevar. Pero qué es la soledad sin la tristeza, y qué es la tristeza sin Murakami porque si de algo estoy convencido es que después de leer «Al sur de la frontera, al oeste del sol», sólo queda la tristeza honda para quien lee.

Murakami, en esta novela, no aborda nada profundo en realidad. Muchos tramos de la novela son sólo el producto del hastío, escenas recurrentes, el bar jazz, la referencias literarias, una pareja con un amor atormentado, personajes tristes, profundamente tristes que dan ganas de llorar de sólo pensar en cuál será el próximo libro de Murakami que leeremos. La fórmula de Murakami resulta ser haber alcanzado la estética de la tristeza en sus novelas.

El único dato curioso es que aquí vuelvo a encontrar esa visión japonesa primermundista de América Latina en una vaga referencia geográfica, en «Tokio blues», Murakami hace referencia a Uruguay, y habla de un lugar lleno de mierda de vacas, vaya, un enorme país potrero, en «Al sur de la frontera, al oeste del sol» la referencia recae sobre México:

«-Yo también -coincidió Shimamoto-. De mayor cuando leí la letra de la canción, me llevé una desilusión. ¡Sólo era una canción sobre México! Yo que pensaba que al sur de la frontera debía de haber algo maravilloso.
-¿Cómo qué?
Shimamoto se echó el pelo para atrás con las manos y se lo recogió.
-Pues no lo sé. Algo muy hermoso, grande,suave.
-Algo muy hermoso, grande, suave -repetí-. ¿Se puede comer?
-Shimamoto se rió se rió. Pude entrever sus dientes blancos.
-Quizá no.
-¿Se puede tocar?
-Quizá sí.
-Me parece que hay demasiados quizás -dije.
-Aquel es un país con muchos quizás.»

En esta parte Shimamoto y Hajime hablan de la canción South of the border de Nat King Cole.

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