martes, 23 de julio de 2013

La prisión


Una lluvia invade la ciudad esta tarde en que nos encontramos habitándonos mutuamente.

La distancia se acorta, la lluvia cae con fuerza sobre el techo de casa. Es apropiado escuchar a Silvio, para que con su guitarra raspe cada uno de nuestros recuerdos.

Fijáte bien lo que hacemos para torturarnos. Nos ponemos estúpidamente melancólicos, fumás un cigarro, te asomás a la ventana y aunque no querrás, te obligás a ver por ella la lluvia que afuera y adentro lo moja todo. Entonces y sólo después de eso, como en un ritual de flagelación, es que sonás desde la computadora siempre encendida, canciones de Silvio.

Y entonces éstas se decodifican, una a una, salen de los archivos de tu laptop. Te golpean y vos reís apenas extasiado de tanta belleza. Bebés café, aunque esto empeore tu salud, pero como no debe faltar lo hacés sin reprochar.

El sonido del líquido cayendo en la taza y escuchás:

-Como turismo inventó el abismo la desilusión-.

Después de un tiempo nos volvemos expertos en arruinarnos la existencia. Los demonios vuelven, pero como ya habías hecho un trato con ellos, no son demonios sino dragones y entonces los recibís de buena manera. Ellos escuchan las mismas canciones que vos escuchás y temen a lo mismo que vos temés. No hay guerra afuera, pero tus oídos parecen escuchar bombas y colores infinitos marchando uniformemente como tropas militares bien alineadas hacia las costas de aquella mujer. Y es aquí cuando las canciones toman sentido. No te habías dado cuenta, pero es por ella que escuchás esas canciones y te ponés estúpidamente melancólico y fumás y tomás café como perro aunque esto empeore tu salud.

Nuevamente el sonido del líquido cayendo sobre la taza, pero esta vez con mucho más filo:


-Emilia, has ido junto con cada canción,
 escondida en un baúl
 como un signo inevitable-.

Ahora que tenés conciencia de esa mujer te preguntás muchas cosas. ¿Qué signo es ése que lleva tatuado en su cadera? ¿Sus ojos te veían a vos cuando te observaban después de hacer el amor y los cuerpos desnudos se entrelazaban en la cama? ¿Qué fuerza estará condicionando su alma lejos de ella en aquellas ruinas ancestrales? Pero vos no querés ser un corazón mutilado, ni mucho menos un corazón errante, o un corazón indigente. Vos lo querés todo y lo apostás todo, pero no comprendés las cosas tan estrujadas que ahora vienen con la lluvia hasta la ventana, la puerta, los trastes, el café, los cigarros, y hasta invaden tu forma de escribir.

Y te das cuenta que escribís muy mal, te das cuenta de que sos un mal escritor, eso te pone de mal humor y entonces fumás:

                         -la prisión acaba
                          la prisión de hierro
                          pero continúa
   la prisión del sueño-.

Ahora sí estás verdaderamente mal y querés salir de la casa.

Necesitás salir de la casa. Pero la lluvia lo tiene invadido todo. No hay forma en que podás escapar de esta situación, hasta que de repente tu cigarro se acaba y vos no necesitás otro pero buscás desesperadamente en el paquete y ves que éste se encuentra vacío, que no queda un tan sólo cigarro que fumar y así esto no puede continuar porque tus nervios están a punto de colapsar.

Y a esta mujer que ha llegado para quedarse o irse, aún no lo sabés a ciencia cierta, a esta mujer que te gusta tanto, que la amás, que le has hecho el amor cuánta vez ella ha querido y que le has besado cuánto lugar ella ha deseado que besés, esa mujer que te has cogido en las posiciones que ella te lo ha pedido que lo hagás, a esa mujer entonces le ves los ojos fijamente y antes de perderte como imbécil en su color café, le decís, como dice S: toma de mí todo, bébetelo bien, que el sol no da de beber. Ella comprende lo que le querés dar a entender y besa tu frente y luego tus labios. Y vos te quedás sin argumentos.

Te quedás sin argumentos aunque hayás leído a Lenin, a Marx, a Trotsky, y toda la ideología socialista ya no la comprendés porque ésta no encaja en el cuerpo desnudo de esa mujer. Su vientre, sus piernas, su espalda, y en su espalda su omóplato izquierdo, su clavícula y en ella justo al centro aquel hueco hermosamente construido que no querés dejar, pero que sabés que en cualquier mañana desaparecerá en el momento en que ella lo decida. Entonces ya no habrá día feliz de abril arrimándose a los finales de noviembre o de cualquier otro mes.

Ya no hay líquido, pero la taza luce desafiante en la mesa de la sala:

                        -llegarás pero más fuerte,
 más violenta la corriente-.

La lluvia ha desaparecido un poco, los claros de la tarde son tenues. Acariciás sus cejas, le ves los ojos y notás en ellos una mirada profunda que buscás desesperadamente descifrar. Te dan ganas de decirle que la amás pero callás, te dan ganas de besarla y te reprimís, te dan ganas de que tus dedos le acaricien la espalda pero los dejás entretenidos en sus cejas y no decís nada, pero ella tampoco dice nada. Un silencio invade la habitación y creés que es el silencio del que habla Silvio pero intuís que no es así. Que este silencio es otra cosa, que está construido en un lenguaje que no querés entender pero que se te insinúa desde la profundidad de su mirada, se te insinúa desde la complejidad de su cuerpo desnudo después de hacer el amor.

No hay escafandra, te das cuenta de ese pequeño detalle, no hay oportunidad de intentar sumergirte en el mar de sus delirios, no se te ocurre porque lo tenés claro. Vos no querés ser un corazón mutilado, ni mucho menos un corazón errante, o un corazón indigente. Esto te provoca una serie de fobias y te quedás callado aunque deseás desde lo más profundo de vos y ni siquiera entendés por qué, pero lo sentís, deseás decirle que la amás, pero entonces callás.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=tn3bLzrRbDQ

Martín Cálix dijo...

"Anónimo", ¿quién sos? ...porque lamento decirte que no entiendo lo del vídeo, revisé la letra y hasta cierto punto me molesta. Ojalá me dijeras quién sos...

Cassiopea dijo...

Me permito sin tu permiso decir que no hay demonio bueno ni dragón que te defienda. Por eso no me llevo con ninguno de los dos aunque llevo en mi parte de ambos.

Saludos,

Martín Cálix dijo...

¿Cassiopea, me dejarías tu mail?

Cassiopea dijo...

¿Desde cuándo los mails se han vuelto asunto de relevancia?

Martín Cálix dijo...

Desde que es posible tener siempre la opción de entablar una comunicación en mejores condiciones.