jueves, 10 de marzo de 2011

Aquellas mañanas lluviosas

foto: tomada de www.eljergon.com

Estos días han sido calurosos en El Progreso. Hemos sudado hasta el alma en este puto pueblo. Pero estos días me han servido para recordar. Para recordar a Alicia. Su olor. Su sabor. Su color. Recordar que un día la vi a los ojos y le dije con suficiente valor: Mirá flaca, si tuviera que derramarme para salvarte, si tuviera que dejar de ser para que fueras, si tuviera que retar a la muerte para que existas, lo haría de aquí hasta el último planeta. Alicia sonrió tímidamente pero supo responder: “Tenés prohibido morirte”.
Decido asomarme por la ventana de mi tercer piso y fumarme la tristeza. La verdad, quiero fumarme la tristeza.
Mientras fumo, escucho en mi teléfono esa canción de Fito que tanto me gusta y que a la vez me fastidia: “Fue Amor”. Y es que la canción a veces parece describir ese final con Alicia…
Nuestra primera cita fue en Pamplona, para almorzar, pero sólo después de esperarla tres horas pudimos hacerlo, bueno… el que comió fui yo, ella sólo probó las papitas que acompañaban a mi “Emparedado Delux”. Luego decidimos caminar, sólo caminar sin que nada importara. Cuando nos cansamos, nos sentamos en aquellas bancas del museo. Me da vergüenza recordar ese seis de julio. Estaba nervioso y no sabía qué decir, así que conté una de mis anécdotas de guaro con mi viejo amigo Ángel, para poder romper el hielo y vencer mis nervios. Le conté de la vez que bebimos un guaro extraño en una comunidad campesina; los compas le llaman “Manguito”. “¡Vaya nombre para semejante bebida!”, me dijo Alicia, riéndose de mi anécdota. “Habíamos bebido tanto del dichoso guaro”, le dije, “que me sentía muy contento y me animé a ver cómo un compita terminaba de destazar un cerdo. Recuerdo que tenía en una mano el vaso con guaro y en la otra un Royal; borrachín el hombre, exigía ver el corazón del cerdo muerto y no se apartó hasta que se lo mostraron”. Alicia debe reírse todavía al recordar mi historia. Así comenzó todo.
Con el tiempo, ella me visitaba desde la llamada “Gran Ciudad”. Venía y se quedaba conmigo en ese hotel con nombre oceánico que nos gustaba tanto. No sé si era por la temporada del año pero siempre que Alicia me visitaba, por las mañanas hacía frío, llovía y la vida tardaba en reanimarse. Nos costaba salir de la cama. Alicia se me mostraba entera. Recuerdo que a diario le decía que era etérea, que ella era lo que yo buscaba y que la amaba. Una vez, para que pudiera entender lo que yo le decía, puse a sonar esa canción hermosa de Silvio. Recuerdo haberle insistido en que la parte con la que me sentía identificado era en la que Silvio canta he vuelto a ser aquel cantor del aguacero que hizo casi legal su abrazo en tu cintura. Claro que la canción es más de despedida, de amor que se ha ido para no volver. Lo nuestro apenas empezaba. Pero para mí, abrazar su cintura en el aguacero matutino de El Progreso hacía que experimentara algo parecido a una transmutación. Y en esas condiciones, el resto de la letra de la canción no importaba.
Ahora tengo catarsis de ella. De su recuerdo. De su olor matutino después de esas noches de sexo. Alicia ya no vendrá y con su ausencia sólo ha quedado el recuerdo de las mañanas con lluvia y amor. De las heladas mañanas.

*Publicado en la primera edición de la revista "Tercer Mundo".

martes, 8 de marzo de 2011

Arte y juventud publicado en el "A Mecate Corto"


En la edición de marzo de 2011, el periodico "A Mecate Corto" incluyó un artículo mío titulado "Arte y Juventud".

domingo, 27 de febrero de 2011

Corazón

[Pintura: "Despertar" de Javier Eliu]

Por Martín Cálix

Soy el corazón roto que deambula de tu sueño al abismo, soy el corazón que despedazaron los perros, soy el corazón valiente que se arrojo a sus garras y dientes. El corazón amurallado, el corazón desangrado, el corazón entristecido, el corazón de lunas sin ir a tus labios. Soy el corazón hecho basura en días de invierno, el corazón que aúlla la trova mística que viaja desde la Habana. Soy el corazón de fauces hambrientas, el corazón desnudo, el corazón camuflajeado, el corazón perdido de dolor, el corazón que reza para no sentirse tan solo.

Soy el corazón harto de ser la noticia del día, el corazón que huele a muerte, que besa, ama y desanda caminos para poder escribir. Soy el corazón que busca las luces amarillas de amores flagelados. Soy el corazón carbón, el corazón que huyó para ser sol y serpiente. Soy el corazón de rostros sin forma, de cuerpos tendidos en la conciencia de un militar, el corazón que nadie puede olvidar, el corazón que ya no sabe que es un corazón.

martes, 22 de febrero de 2011

Padura: la generación cubana a la que se le ocultó la verdad


La política del Gobierno "C" fue siempre la de ocultarle la verdad a las masas, en Cuba hoy el debate está abierto, lo cubanos seguramente se preguntan ¿que clase de revolución tenemos? ...Padura pertenece a una generación de escritores y artistas cubanos que ahora con la edición de "El Hombre Que Amaba A Los Perros" ven cumplirse un sueño, el de hablar abiertamente en la isla acerca de temas que antes estaban vetados, un ejemplo: la muerte de Trotsky.
Justificar a ambos lados
La página www.miamidiario.com publicó lo siguiente, pero ojo con ésta nota, que la página es de los gusanos de miami, el tema habrá que verlo en su pleno contexto:

"La tarde de hoy es una tarde en la que se rompen mitos y se cumplen sueños", afirmó Padura ante decenas de sus lectores, al comentar que algunas personas creyeron que su novela nunca iba a ser publicada en Cuba debido a su temática.El libro fue editado en España en 2009 por Tusquets y su versión cubana estaba prevista para 2010, pero finalmente la presentación tuvo lugar este martes dentro del marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, con sede en la fortaleza colonial de San Carlos de la Cabaña.Cientos de personas hicieron fila allí para adquirir el último título de Padura, quien entre bromas les deseó "suerte" en el intento de comprar el libro.La novela relata en tres tiempos el exilio y la muerte de Trotsky en México en 1940; la preparación y ejecución de su asesinato por el español Ramón Mercader, fallecido en La Habana en 1978, y la historia ficticia de un escritor cubano que conoce por casualidad a un Mercader ya viejo y enfermo.Con una vasta documentación, el libro se adentra en un mosaico de acontecimientos fundamentales del siglo XX, que van desde la revolución de octubre hasta la desintegración del bloque socialista, con informaciones poco o nunca divulgadas en Cuba.Considerado uno de los autores más populares de la isla, Padura insistió en que "El hombre que amaba a los perros" es un libro "profundamente cubano" que fue escrito y pensado desde la isla."Es una historia escrita desde el sentimiento, la experiencia, la cultura, la participación y desde la vida cubana para las personas que como ustedes comparten esa experiencia, esa vida, esa existencia cubana durante todos estos años", dijo Padura, de 55 años.Además, resaltó que el personaje cubano de la historia es "absolutamente metafórico" y reúne todo el "espíritu y la experiencia" de una generación a la que él pertenece y desde la cual escribe.Por su parte, el narrador y ensayista cubano Reynaldo González se refirió al interés despertado por el libro en Cuba, porque "trata de asuntos que no se han manejado en la opinión pública cubana".González, quien comentó la novela junto al ex diplomático cubano Raúl Roa, mencionó que la obra toca inquietudes de Padura y de sus compatriotas contemporáneos."Mi generación llegó a la revolución (cubana de 1959) con muchísimas lagunas y esas lagunas fueron ampliándose con el silencio", señaló González, de 71 años, al referirse a fenómenos como el ocultamiento de información."Las realidades de la Unión Soviética no nos fueron dichas, y creo que muchísimos comunistas bien intencionados, esforzados, que murieron por las ideas del comunismo, que lucharon por ellas y envejecieron, tampoco supieron nunca", apuntó.
La edición cubana de "El hombre que amaba a los perros" ha estado a cargo de la Editorial Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y es inicialmente de 4.000 ejemplares".

http://www.miamidiario.com/entretenimiento/padura-/edicion-en-cuba-/novela-trotsky-rompe-mitos-/novelas-de-cuba-/3156

domingo, 20 de febrero de 2011

...Trotsky desclasificado

Breton, Rivera y Trotsky

En el marco de la Feria Internacional Del Libro en Cuba la página cubana www.cubarte.cult.cu, publicó hoy 20 de febrero una nota sobre la presententación del libro El Hombre Que Amaba A Los Perros de Leonardo Padura.

Es curioso, como ahora después de tantos años, el gobierno cubano permita éstas presentaciones, pues el libro -según la nota- habla abiertamente sobre los detalles de la muerte de León Trotsky, la historia de la novela discursa alrededor del tema, Trotsky, quien fuera asesinado por Ramón Mercader, agente del Stalinismo, que luego y sólo después de ser acogido por Neruda fue recibido y condecorado por el Gobierno "C".

La importancia teórica de los textos trotskistas para la revolución mundial es enorme, Cuba se encuentra evidentemente ante una encrucijada para dicho objetivo. Trotsky, durante su última etapa de vida en México, tuvo un importante acercamiento con los artistas Diego de Rivera, André Breton y Frida Kahlo, junto a Rivera y Breton desarrollaron el Manifiesto Por Un Arte Revolucionario Independiente.

Pero vean ustedes mismos la nota (la cual pueden ver completa en http://www.cubarte.cult.cu/periodico/opinion/17249/17249.html):

“Durante mucho tiempo, en nuestra infancia y juventud, oímos hablar de Trotsky como una figura oscura de la Revolución de Octubre y los primeros años de la URSS. Las palabras “revisionista” (dicha como un anatema) y “traidor”, no faltaban entre sus calificativos, y si alguna vez se le reconocía cierto mérito era siempre a regañadientes y como preámbulo de fuertes críticas que lo sumían aún más en la oscuridad. Poco a poco, sin embargo, en tiempos de la Perestroika y tras la desintegración de la Unión Soviética, comenzamos a descubrir otra parte de la historia.

Piezas dispersas que el régimen de Stalin y sus herederos intentaron borrar, resurgían ahora y una extraña figura adquiría forma gradualmente en el rompecabezas de los acontecimientos. Nada era tan simple y tan bueno como nos hicieron creer de niños: un silencio --que ahora resultaba escandaloso-- encubría la realidad compleja de aquellos primeros años del socialismo soviético. En medio de la confusión la imagen de Trotsky comenzaba a ganar otros matices, y las circunstancias de su muerte dejaban ver que, de algún modo, lo que ese silencio trataba de ocultar extendía sus tentáculos --todavía soterrados, todavía fuertes-- a través de décadas y continentes.

La novela El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Parada, que Ediciones Unión presentó en esta Feria Internacional del Libro, y cuya tirada se agotó totalmente en cuestión de minutos ante la avidez del público lector que asistió a la Cabaña, vuelve sobre esa historia todavía llena de misterios. El estalinismo y sus largos brazos camuflados, la figura de Trotsky y los detalles de su asesinato, el terror que logró establecerse en el poder tras la muerte de Lenin, sus efectos paralizadores, que al final dieron al traste con la posibilidad de realizar uno de los mayores sueños de la humanidad --esa sociedad justa donde todos pudieran ser plenamente--, son el tema de este nuevo libro de Padura. Eso y los avatares que trajeron a vivir en Cuba al agente secreto Ramón Mercader, quien en 1940 cumplió la orden estalinista de matar a Trotsky.”