lunes, 23 de julio de 2012

Teatro La Fragua: varias décadas, nueva temporada y mucho arte por compartir


Por Héctor E. Flores

Por las  tablas de Teatro La Fragua (TLF) han pasado los pies descalzos de muchos jóvenes actores y actrices que dieron vida a innumerables personajes de inmortales obras. En sus graderías se han sentado generaciones enteras para revivirse en esas obras y personajes y desde ahí, desde esa pequeña meca de la  cultura progreseña, forjar un nombre para el teatro y una referencia para  la cultura mundial. Un espacio para actrices y actores, para espectadores y amantes de cultura, pero además, y sin que se vea menos importante, como espacio para juntar la familia y reivindicar la unidad y la solidaridad.

Durante su existencia en el TLF se ha dado énfasis a la inversión en formación artística, a las ininterrumpidas temporadas organizadas a lo largo de todo este tiempo y a una declaración de  fidelidad absoluta a un estilo propio que le ha dado identidad. Con eso se ha venido forjando, ya no sólo para El Progreso como ciudad  sino como colectivo social,  diferentes manifestaciones artísticas que han tocado a generaciones tras generaciones en la búsqueda de una cultura que nos defina e identifique en cualquier parte que estemos.

No son pocos los años que cumple, como tampoco son pocas las obras montadas  y los públicos conquistados. Sin embargo es evidente que en el TLF el amor por la cultura trasciende crisis tan fuertes como las económicas y las de violencia y la politización que suelen matar  la cultura. En toda esa voluntad se escribe su historia, con todo esa entrega se recuerdan sus momentos y desde todos esos elementos se debe concebir cualquier intento de hacerle memoria.

Por eso un intento de aproximación al legado histórico de Teatro La Fragua sería insuficiente si no se tomaran en cuenta esos elementos que hacen de puente entre todas las décadas que tiene de existir y los sujetos que han sido parte de cada uno de esos momentos. Afirmamos lo anterior en los reconocimientos públicos recibidos, en las largas giras internacionales que han desarrollado y en las menciones en medios de comunicación mundiales que han terminado de erigir el perfil de Teatro La Fragua como un permanente y real interlocutor de la cultura nacional e internacional.

¿Qué es ahora el Teatro La Fragua?

En la actualidad el TLF es una mezcla de manifestaciones artísticas que nos permiten ampliar nuestro saber sobre la cultura. Son manifestaciones especialmente integradas por jóvenes, lo cual les pone a tono con las demandas de participación que este sector social está demandando por todos los medios.

Son un espacio para el ballet en donde convergen niñas y niños de distintos sectores de la sociedad.  Una escuela para la formación en esta rama del baile que hace que los niños y las niñas desarrollen disciplina corporal y vayan haciendo una mejor organización de su vida. En la medida en que aprenden a disciplinar su baile desarrollan formas creativas y reales de organizar mejor su vida.

Pero sobre todo la escuela de ballet del TLF es un espacio para enseñarnos que esta manifestación artística no es propia sólo de una clase social pudiente y privilegiada sino que, al menos en el TLF, el ballet no es exclusivo para unos cuantos sino que está al alcance de todos el que quiera ser parte de ella.

Es un espacio para la música como expresión individual y como colectivos. En las tablas del teatro cantan a menudo esos artistas que no son parte de las grandes disqueras pero que tienen los talentos suficientes para hacer de la música un arte  libertario y no un producto para el comercio. De hecho muchos de los actores y actrices del teatro son músicos potenciales y están en bandas que van disertando sus talentos y poniéndolos al servicio de ésta, nuestra ciudad de El Progreso que nos soñamos meca de la cultura hondureña.

Es un espacio para la promoción de grupos alternativos de manifestaciones culturales, entre ellos podemos contar al proyecto “Atrapados en azul” en donde un grupo de locos, artistas y poetas, ponen, desde esas tablas, su poesía y sus canciones y en ellas sus utopías para el tipo de sociedad que se sueñan.

Estos dos últimos componentes son uno de los rostros más interesantes del teatro porque, sin que sean los únicos  o los mejores, puesto que evidencian la capacidad que tiene el teatro para abrirse a otros grupos y poner sus instalaciones y amenazar sus reputación para que otros se puedan hacer camino en la luz de su experiencia acumulada.

Y después podemos decir que en la actualidad el TLF sigue siendo teatro, sigue siendo esa muestra cultural con identidad y estilo propio que le hacen un perfil en la sociedad progreseña y en el mundo moderno.  Esas tablas siguen sonando con las obras de ayer y todas las nuevas que para cada temporada vienen montando. Ese espacio sigue siendo el de los aplausos y el del cariño compartido de un sector de la sociedad progreseña que se sigue haciendo entre las tablas del teatro.

De la temporada y el contexto actual.

La actual temporada del TLF está marcada por un contexto de incertidumbres profundas marcadas por la crisis económica, la vulnerabilidad social y desde luego el crimen de violencia que nos sacude como sociedad. En ese contexto se desarrolla una temporada artística que viene llena de teatro, danza y música. Desde las novedosas presentaciones del Lucem Auspicio, Cucuruca, Bambú, Memorias, Proyecto Teatral Futuro hasta las tradicionales pero siempre impactantes presentaciones del TLF y Guillermo Anderson que no falta a esta cita.

Es una temporada artística en un contexto de riesgo económico promovido por la gran crisis que nos sacude y que no es ajena a la funcionabilidad del teatro, a pesar de eso se sigue apostando por ella porque la cultura, según ellos mismos nos dicen, no puede ser condicionada por la economía.

Es una temporada marcada por la violencia social que, en estos días han tocado de manera directa al TLF. El caso de Walter, ese  joven actor que en el último tiempo se dedicaba a la iluminación escénica le fue arrancada la vida dejando en abandono a sus hijos y familia y que hasta la fecha sigue en total impunidad como muchos otros casos de las víctimas de violencia en Honduras. Walter es recordado como un hombre común pero con un potencial humano envidiable, con una calidad de servicio insuperable y una entrega a su trabajo en el TLF total. En las tablas y los controles de luz del teatro se le echará de menos pero su legado seguirá vivo y para que se mantenga esta temporada se ha dedicado a su memoria.

De cara al futuro podemos decir que, a pesar de todo ese contexto poco esperanzador y  con muy poca luz, el teatro sigue y su aporte a la cultura nacional e internacional es más necesario ahora que nunca. Lo decimos porque ante la necesidad de espacios para que los jóvenes se puedan hacer, el Teatro La Fragua es una gran alternativa y un gran generador de esperanza de cambio para que esa otra sociedad que todos nos soñamos sea posible.

1 comentario:

Johnny J-Rodríguez dijo...

Sí, estuvo excelente la presentación que hizo el grupo de La Fragua en lugar de nosotros, pues a raíz del deceso de uno de nuestros actores ellos se presentaron. Sigan adelante... Abrazo.yWilabi