martes, 21 de mayo de 2013

De los libros olvidados: Puntos cardinales



Por lo que me imagino la arqueología debe ser una cosa sorprendente, lo más cercano a ella han sido mis visitas a las ruinas mayas en Copán Ruinas, más allá de la visita cordial a la réplica del Altar Q y caminar por las empedradas calles de ese hermoso lugar, hay cosas que te llaman la atención, detalles de ese lugar que lo vuelven mágico. Igual que a la poesía.

¿Igual que a la poesía?

Ludwing sabe más de arqueología literaria que yo, pero hasta a él le sorprendió ver en mis manos “Puntos cardinales” del poeta Juan Ramón Saravia, una breve investigación en internet te lleva a la tienda de su casa editorial, la respuesta fue de que esta pieza hermosa y olvidada de la poesía hondureña hacía apenas 15 añitos que se encontraba agotada de los stands de libros catrachos.

Fue una coincidencia, no podría decirlo de otra manera, sería injusto decir que yo conocía el texto, cuando lo vi, cuando noté el nombre del autor, cuando vi su similar cubierta con la de otro texto casi olvidado de la literatura hondureña y me refiero a “Figuras de agradable demencia” del señor Roberto Castillo, fue para mí una sensación curiosa.

Ahí estaba, “Puntos cardinales”, aquel libro desconocido, dos ejemplares, 60 lempiras en total, no regateé con la señora de la “tienda” de libros usados, los compré y me fui a mi casa con la sensación de haber conseguido el recetario más exquisito.

Hace algunos años, es decir, cuando yo era mucho más joven y llevaba la clase de filosofía en la UNAH en San Pedro Sula, me tocó de maestro un hombre canoso, alto, de pose muy elegante y con un sentido del humor afinado. Sí, el mismo de “Pasajes bíblicos” y de “Entre todas las mujeres”, en persona, JR Saravia.

-Maestro, Háblame del agua tiernamente y despacio es mi pieza favorita. Le dije, casi en calidad de fan al finalizar el primer día de clase.
-¿Cómo te llamás? Me dijo él, viéndome con curiosidad.
-Martín.
-Ah sí, mirá, ese libro es algo erótico, ya no recuerdo cuándo lo publiqué.

Lo demás es historia, que nos hicimos aleros durante el semestre, que me puso el último puntito que me faltaba para pasar su clase porque nunca recordé de quién es la historia de la cueva o caverna, qué sé yo, y que alguna vez me atreví a enseñarle algunos relatos que por esos días escribía como si tuviera mierda en las manos.

“Puntos cardinales”, es una de las cosas más lindas que las calles de Tegucigalpa me han regalado. Algunos autores merecen mejor suerte, Saravia no vive mal, lo sé porque no vive de la literatura pero debió merecer mejor suerte como autor. De todos los libros que he leído de él yo me quedaría con tres, definitivamente tres, uno de ellos es “Puntos cardinales” que te lleva por unas imágenes deliciosas.

Por ejemplo:

sólo me resta decirle
que aquí la cosa sigue color de hormiga /
su batalla de la trinidad
            colgada en los billetes de a cinco /
el viejo william walker
            zumbándonos con su pata de palo /
y rafael carrera en nuestra espalda

viéndolo bien
      mi general
para qué va a querer usted mi poemita

                                   General Francisco Morazán, pág. 63.

No podría decir yo que JR no sabe reír, descomponer el poster del ícono más importante de la liga de súper héroes catrachos y hablarle con esa natural sonrisa en sus ojos, como quien se sienta con su mejor compa a echarse unas chelas, eso, me evocó lo anterior.

Es suave, cadencioso, vulgar, ajeno y propio y señores, por favor, no es made in china, el hombre salió de uno de los departamentos más extraños de la geografía hondureña, nacido en Santa Bárbara, en 1951. Para los que no lo conocieron sino recién JR fue jefe de redacción de la histórica Tragaluz y Co-director de Cronopios, estos proyectos ya desaparecieron, algunos años después publicó algunos poemarios que pueden considerarse “menores” o quizás era que se nos andaba cansando ya el muchacho de tanto correr por el campo detrás de la pelota, poemarios como “De cabo a rabo” y “El tiempo que me sobre”, luego vino la memorable “Siguanaba con migraña”, un relato muy inteligente y con una profundidad visual, es decir, que usted literalmente baja hasta el infiernillo con el cerdo que no podía morirse. Y como si no fuera suficiente, quién no recordará el “Te conozco mosco”, un texto que no logré entender hasta ahora, además de ser incluido por Sosa en aquella antología donde hasta el hijo de puta del “padrecito” Reyes aparece y se hizo poseedor de la segunda mención honorífica del VI Concurso de poesía Rubén Darío y ganó, compartiendo con cuatro poetas latinoamericanos, el Casa de las Américas de Cuba en 1988, con el libro que nos regala esta nota: “Puntos cardinales”, un blog en internet dice y cito: bajo el título Cinco puntos cardinales, además al premio se refiere como Ex Aequo Casa de las Américas, sin que este poco ilustre caballero entienda el termino Ex Aequo, pero no ahondaremos en esas pequeñeces.

El uso acabado del sarcasmo, de la ironía, se nota en la siguiente pieza:

porque imagínate
yo tendría que empezar
hablando fuerte
              gritando indignado
tendría que mesarme las barbas en cada verso
y rasgarme las vestiduras en cada punto y aparte
y decir
       si yo hubiese estado allí no te mataban ernesto
más adelante quizás tendría que decirte poeta
                                   o acaso llamarte hermano mayor
y sería aquello de recordar tus viacrucis
                                   los filos de la piedras
entonces sería aquello de mojar mi poema en tu barba
y decir
         tu asma pesaba más que los pulmones de los andes
y no olvidar llamarte comandante
                 con mayúscula
y mentarles la madre a tus enemigos
pero si no/quién
                        ernesto/
               quién me creería que soy revolucionario

                                   Mira Ernesto qué difícil resulta hacerte un poema como los que acostumbran mis amigos, pág. 57.

Finalmente yo diría que Juan Ramón Saravia con “Puntos cardinales” de aquel agosto de 1988 explora la América que no terminamos de conocer y a la que le han flagelado su historia una y otra vez.

Sólo me resta recordarles que está agotado hace 15 años y mientras ustedes leen esto a mí se me dibuja una enorme sonrisa de maldad, me fumo un cigarro y brindo por JR.

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