lunes, 13 de mayo de 2013

Jessica Isla: Presencias, una nueva geografía de la literatura de mujeres en el contexto pos-Golpe de Estado en Honduras


[foto: Gustavo Campos]

Somos escritores del miedo, que describen el terror, por aquí debí haber comenzado pero me entretuve describiendo el período antes de junio de 2009 y de cómo llegamos a él sin que evitáramos que nos pasaran la factura (a algunos).

Entonces, no me permitan distraerme, somos escritores del miedo que describen el terror. El medio ambiente en donde nace, crece y se reproducen estas criaturitas llamadas “escritores” está plagadas de depredadores naturalmente enfrentados con esta especie, algunos de estos depredadores también son “escritores”.

Pero para referirnos a la ponencia de Jessica, hay que comenzar entendiendo que este trabajo, como ella misma afirmaba al comenzar ese día, es un aporte en cuanto a la historia de mujeres y literatura escrita por mujeres en Honduras y como tal debe verse, esta aclaración es importante porque luego surge alguien diciendo por qué Jes no fue “incluyente”, es decir, por qué Jessica no incluyó la voz de los hombres escritores en este trabajo, sencillo, porque no es el enfoque de esta investigación pero ya ustedes saben que las bestias tienen una estupidez particular.

Uno de los primeros ejes de la ponencia gira en torno a la agudización de la violencia en el país después del Golpe de Estado, junio de 2009 es un parte aguas, pero más allá de eso, con el Golpe de Estado el país oficialmente se vio inundado de la generalización de hechos violentos en distintos niveles. Se reporta el incremento del índice de femicidios en un 100% y de crímenes de odio así como la militarización permanente del país y el desenfado popular fue canalizado hacia otro lado, fuera de las calles y desapareció el hervor popular dentro del sombrero mágico, sí, ése mismo.

Las cifras de la ponencia son alarmantes, Jessica apunta en este fragmento de que a partir de 2009 las estadísticas indican que la violencia generalizada deja 20 víctimas diarias en el país según el Observatorio de la violencia y el 54% son hombres y mujeres jóvenes de 14 a 30 años. Señala luego y aquí hay que decir que es un acierto hacerlo, que es la ruptura de la institucionalidad en la defensa de los Derechos humanos en general y la defensa de los derechos de la mujer en particular la causa principal de los crímenes y de la impunidad de los mismos. Luego avanza hacia los códigos urbanos tras las protestas contra la violencia ejercida, los grafitis y la producción literaria de contexto.

Finalmente este diálogo que construyen nuestras compañeras hay que apreciarlo, darle aire, espacio para que se desarrolle y verlo crecer será hermoso y nos ayudará a nosotros también a crecer con ellas, la violencia que además institucionalizada nos come a todos y a todas.

Bien, quizás lo más indicado sea verle a ella hablándonos de todo esto y que yo deje de hablar tanta pendejada junta:

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